miércoles, 23 de enero de 2008

Paños tibios en el arbitraje

La decisión tomada por la Comisión Arbitral no es más que una medida populista, forzada por las presiones del semestre anterior.
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Más de un aplauso cosechó la noticia de que la Comisión Arbitral había dado un revolcón en su nómina de jueces y que seis nombres muy conocidos dejaban de dirigir los partidos del fútbol profesional colombiano.
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Lejos de ese tumulto de entusiastas, creo que la decisión es una medida populista, forzada por las enormes presiones del semestre anterior, pero que en poco contribuye a mejorar el nivel de los jueces y que, en cambio, siembra una cantidad de dudas, en vez de aclararlas.
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a versión surgida de las cercanías de la Comisión indica que algunos retiros pueden ser por actuaciones ilegítimas de los colegiados.
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Si es así, lo procedente no es retirar al árbitro nada más, sino realizar una investigación profunda, luego de la cual se retire al juez (por supuesto), pero también se castigue con el alejamiento del dirigente, intermediario, apostador o, quien haya sido el culpable de ‘comprar’ un resultado.
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En este caso hay unos pocos que cargarán con el rótulo de culpables, mientras que los que estuvieron detrás no serán desenmascarados.
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Pienso, especialmente, en el caso de Jorge Hernán Hoyos, árbitro que tuvo muchos más partidos buenos que malos, pero que sembró su desgracia en el fatal choque en el que Santa Fe ganó al Tolima (con lo que eliminó al Bucaramanga) en la Copa Mustang I del 2007.
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Si ese solo juego entierra toda una buena carrera, no parece justo; y si lo que hubo fue un hecho irregular, pues debe revelarse de inmediato.
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Si queremos una mejora verdadera, debe haber escuelas de formación pagadas por la Federación, con instructores de calidad y con oportunidades de fogueos controlados para los árbitros a lo largo de distintas categorías, antes de llegar a la Primera División.
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Asimismo, deben existir criterios claros para la selección de los cuerpos arbitrales para cada partido y seguimiento a las actuaciones de estos, con calificaciones públicas y un escalafón que permita saber quién es el mejor de una temporada a la hora de definir quién dirigirá las finales.
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Más allá de esas ideas, lo crucial es que el arbitraje sea una actividad profesional. Directivos, entrenadores, médicos, asistentes, jugadores, periodistas y hasta hinchas viven de lo que produce el negocio del fútbol. Entonces, ¿por qué los árbitros son los únicos obligados a tener otras actividades para sobrevivir?

El Pais

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