Uno de los directivos del Once Caldas dijo el pasado viernes que no veía la hora de que pasara el juego que disputará hoy (3:30 p.m.) el equipo ante el Cúcuta Deportivo para terminar con la pesadilla que concluyó la participación del equipo en el Campeonato Apertura..
Más allá de la importancia del juego, por la posibilidad de clasificar que acaricia el visitante, el Once nada tiene que hacer en la justa, ya que quedó eliminado.
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Hoy tiene la obligación de ganar para mitigar en algo el malestar que tiene el hincha, para evitar la penúltima casilla, para mejorar para la reclasificación y para subir algo en la tabla del descenso.
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Muchos en la ciudad piensan como el directivo, muchos quieren que esta participación, que empezó con sueños e ilusiones, por la calidad de nómina que hubo, finalizó con más pena que gloria y en medio de los problemas.
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La campaña fue tan discreta que es la peor a partir de 1.990, según los datos de Álvaro Hincapié, estadigrafo de Todelar.
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Es decir que a lo largo de los últimos 18 años hubo campañas buenas, regulares y malas, más la de ahora.
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Equipos con nóminas menores hicieron mejores presentaciones en otras épocas, pero, también, como sucede ahora, equipos con más y mejores futbolistas, hicieron torneos muy discretos, según las mismas estadísticas.
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Consecuencias económicas
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Esta vez algo falló y no se detectó a tiempo. De nada valió el esfuerzo hecho al comienzo del año y reconocido por consenso general.
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En una reunión informal, Jairo Quintero, el dirigente que lideró el proceso del equipo que ganó la Copa Libertadores en el 2004, dijo que nunca había armado un equipo tan completo, pieza por pieza.
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Pero lo que parecía que iba a funcionar se desmoronó y hoy amenaza con ser la peor temporada de las últimas 18 disputadas.
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Producto de errores técnicos, deportivos y dirigenciales que no se corrigieron a tiempo.
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Las consecuencias deportivas ya se conocen: el equipo está eliminado; las sociales, también: el hincha cada día se alejó del estadio, y las económicas se pueden medir: los 150 millones de pesos que la Industria Licorera de Caldas (ILC) le daba si clasificaba a las semifinales. También, la ILC le puso $150 más por llegar a la final y otros $200 millones si era campeón.
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A lo anterior hay que agregarle las taquillas de los tres juegos $600 millones de pesos y los ingresos por concepto de la televisión.Ni qué decir de la desvalorización de algunas de sus promesas: Javier Araujo, Mauricio Casierra, Alexis Henríquez, entre otros, no respondieron a las expectativas que habían sobre ellos y hoy parecen más problema que solución.
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Todo lo anterior ratifica lo que muestran las estadísticas: la de hoy es la peor campaña de los últimos 18 años.Razón tiene el dirigente que ve el presente del Once Caldas como una pesadilla.
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La patria
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